Mal de escuela de Daniel Pennac

23 Abr

23 de abril, día del libro. Mal de escuela, de D. Pennac, Mondadori. He aqui mi recomendación. No es una novedad, en absoluto. Fue publicado en 2007 por primera vez, pero es un libro recurrente para alguien interesado por la educación. Y no es un libro sobre la escuela, en palabras del propio Pennac, mas bien ” ¡un libro sobre el zoquete! Sobre el dolor de no comprender y sus daños colaterales”
El valor de este ensayo, libro de memorias, cuasi novela reside precisamente en el doble análisis que el autor hace de la escuela, y siempre en primera persona. Primero como zoquete, es decir como alumno fracasado, en segundo lugar como profesor, lo cual invalida de alguna manera el anterior estado. Evidentemente este mal alumno, a pesar de todo,a pesar de la escuela no ha fracasado, puesto que ahora es parte activa de ella.

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Hay muchísimos momentos reseñables, dignos de ser citados, y por tanto dignos de ser leídos, este es el asunto del post, a fin de cuentas, animaros a leer el libro. Voy a elegir uno que define muy bien en qué consiste el arte de ser un buen docente. Se trata de un episodio entre él y una profesora a cuya clase ha acudido como ponente y de la que sale maravillado por el control que esta mantiene sobre el grupo:

Yo quería saber más sobre el dominio que tenía de aquellos alumnos, su manifiesto gozo por estar allí, la pertinencia de sus preguntas, la seriedad de su atención, el control de su entusiasmo, su autodominio cuando no estaban de acuerdo entre sí, la energía y la alegría del conjunto, en resumen, de todo aquello que tan distinto era de la horrenda representación que los medios de comunicación propagan de esas aulas moronegratas. Sumó mis preguntas, reflexionó un poco y respondió:  —Cuando estoy con ellos o con sus exámenes, no estoy en otra parte. Añadió: —Pero, cuando estoy en otra parte, no estoy ni una pizca con ellos. Su otra parte, en ese caso, era un cuarteto de cuerda que exigía de su violoncelo el absoluto que la música reclama. Por lo demás, le parecía que la naturaleza de una clase y la de una orquesta estaban relacionadas. Cada alumno toca su instrumento, no vale la pena ir contra eso. Lo delicado es conocer bien a nuestros músicos y encontrar la armonía. Una buena clase no es un regimiento marcando el paso, es una orquesta que trabaja la misma sinfonía
Y si has heredado el pequeño triángulo que solo sabe hacer ting ring, o el birimbao que solo hace bloing bloing, todo estriba en que lo hagan en el momento adecuado, lo mejor posible, que se conviertan en un triángulo excelente, un birimbao irreprochable, y que estén orgullosos de la calidad que su contribución confiere al conjunto. Puesto que el gusto por la armonía les hace progresar a todos, el del triángulo acabará también sabiendo música, tal vez no con tanta brillantez como el primer violín, pero conocerá la misma música. Hizo una mueca fatalista: —El problema es que queremos hacerles creer en un mundo donde solo cuentan los primeros violines. Una pausa: —Y que algunos colegas se creen unos Karajan que no so portan dirigir el orfeón municipal. Todos sueñan con la Filarmónica de Berlín, lo que es comprensible… Luego, al separarnos, cuando yo le repetí mi admiración, respondió: —Lo cierto es que ha venido usted a las diez. Estaban despiertos

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