La constante macabra o el síndrome del profesor duro

8 Dic

Seguramente todos recordéis con horror aquel profesor o profesora famosos en el instituto o la facultad por tener un altísimo índice de suspensos en cada uno de sus exámenes. Hace poco escuchaba a una “compañera” comentar en la sala de profesores que en el primer examen con uno de los grupos de bachillerato habían suspendido el 100% de su alumnado (grupo de 24). Sorprendida por el resultado (¡ella!) había decidido darles una segunda oportunidad y esta vez mucho mejor, “solo” había suspendido el 80%. Todo un éxito.

Siempre me ha llamado la atención este fenómeno, cuando era alumno tenía clarísimo que este tipo de profesores eran los peores, entonces no tenía argumentos teóricos, tan solo la evidencia empírica de sufrir sus clases: eran aburridos, autoritarios, soberbios, maleducados y con bastante frecuencia también clasistas y machistas. Entonces no conseguí aprender nada de ellos pero ahora que me dedico a la docencia reconozco que su ejemplo me ha servido para saber lo que nunca haría en mis clases, es decir me han servido de contraejemplos.

Cuando hablo con uno de ellos de colega a colega y le pregunto cómo es posible que haya suspendido tantos alumnos, pone la excusa de que son “malos alumnos” (sic). Cuando le digo que esos mismos alumnos han aprobado con nota mi asignatura y otras asignaturas me contesta que su asignatura es “muy dura”. Y cuando le pregunto cómo es que esos alumnos han conseguido aprobar su asignatura en 1º, 2º, 3º ó 4º de la ESO con otros profesores compañeros suyos, la respuesta es que, bueno, YO soy un profesor duro.

Pero te lo dicen además como si dijeran YO es que no soy como tú, que apruebas a todos, yo soy un buen profesor, un profesor de verdad, como los de antes.

Y puede que tenga razón, el número de aprobados no hace bueno o malo a un profesor, tan malo puede ser el que aprueba a todos como el que no aprueba a ninguno pero esa suficiencia, esa chulería, ese mirarte por encima del hombro, ese presumir de “dureza” como si la dureza misma fuera sinónimo de bondad me pone enfermo. ¿Os imagináis al médico al que se le mueren todos los pacientes presumiendo de su ciencia, al pastor al que se le escapan todas las ovejas de su celo, al ingeniero al que se le caen los puentes de su pericia, al abogado cuyos clientes van inexorablemente al trullo de su magisterio…?

Os decía que de chico no tenía argumentos teóricos para refutar esta falacia, y realmente hasta hace muy poco seguía sin ellos, pero recientemente se cruzó en mi camino esta entrevista con André Antibi, profesor de didáctica en la Universidad de Toulouse, y resulta que la cosa tiene nombre, se llama la constante macabra.

Podéis saber más sobre ello en este vídeo (en francés).

La “constante macabre” par André Antibi from TDC VIDEO on Vimeo.

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16 comentarios to “La constante macabra o el síndrome del profesor duro”

  1. Mat 10 diciembre, 2014 a 19:59 #

    Muchas gracias por compartir. Ahora yo también tengo esos argumentos. Me he reído porque el ejemplo del médico es mi ejemplo favorito cuando discuto sobre el tema.
    Un saludo y de nuevo gracias.

    • Juan Carlos de Miguel 10 diciembre, 2014 a 20:26 #

      Gracias a tí por comentar, Mat y me alegro que esta entrada te haya servido para tener argumentos y echar unas risas.
      Un saludo

  2. Bettie 10 diciembre, 2014 a 22:46 #

    Uf. Esa es buena. “Es que mi asignatura es más difícil”. “Es que yo soy duro”. Pero lo peor “Es que son malos alumnos”. Todos. Los 24. Uf.

  3. Manuel 11 diciembre, 2014 a 6:09 #

    Totalmente de acuerdo que el elevado número de suspensos no es motivado exclusivamente por unos alumnos “malos”.

    En el proceso de aprendizage interviene tanto alumno como profesor.

    Pero un elevado porcentage de aprovados tampoco es garantía de ser un buen profesional, teniendo en cuenta que en este “mundillo” de la enseñaza, algunos compañeros prefieren evitar problemas con familías y directivas regalando, literalmente, el aprovado en sus asignaturas, sin que sus alumnos alcancen los objetivos propios de su curso.

    Recuerdo con agradecimiento a aquellos profesores y profesoras que me propusieron un reto con el que pude progresar, aunque tuviera que esforzarme para conseguirlo e incluso fracasar en algunas ocasiones. En cambio no recuerdo el nombre de aquellos otros que me aprobaron por pésimo que fuera mi trabajo.

    Quizás evaluaciones independientes pongan a cada profesional en su lugar.

    Gracias por el artículo

    • Sel 11 diciembre, 2014 a 9:04 #

      Coincido totalmente contigo Manuel. Me parece un enfoque completo y bien explicado.

      Leyendo el artículo puedo empatizar con esos profesores que en ese tipo de conversación se sienten arrinconados, cuestionados y atacados; me parece razonable que terminen reaccionando de forma incorrecta.

      El año pasado tuve una experiencia muy reveladora. Fue un curso muy difícil por diferentes motivos, uno de los indicativos fueron los resultados pese a que trate de hablar con ellos, cambiar metodologías… El porcentaje de suspensos era muy alto a una fecha de terminar el curso. Sin embargo, en el último examen el porcentaje de aprobados subió ante el mismo tipo de examen y con la misma dificultad que el resto del curso. La única forma de explicar un hecho como este es dar a los alumnos su parte de responsabilidad en el proceso de aprendizaje.

      En conclusión, no se puede ver un objeto completo sino se mira desde todas las perspectiva y si se piensa estar en posesión de la razón por la imagen que se tiene sólo desde un punto de observación se está muy equivocado así que tengamos cuidado con nuestros juicios de valor.

      • Juan Carlos de Miguel 11 diciembre, 2014 a 16:00 #

        Cursos difíciles los tenemos todos Sel, nadie te juzga por eso. Y tampoco por tener muchos suspensos en UN examen. Mentiría el profesor que dijera que nunca le ha pasado. Pero de ahí a jactarse de ello, a escudarse en el “yo es que soy muy duro” hay un trecho.
        Hiciste lo correcto, probaste nuevas metodologías, hablaste con ellos, no tiraste la toalla y al final haciendo lo mismo obtuviste resultados. Perfecto. Queda claro que no eres la “profesora dura” que describo en mi articulo, aunque seas exigente (yo también lo soy) y se entiende que tampoco se te puede acusar de padecer la constante macabra, tal y como el profesor Antibi la define en la entrevista y en el vídeo.
        Gracias por comentar y un saludo.

    • Juan Carlos de Miguel 11 diciembre, 2014 a 15:46 #

      Muy de acuerdo con todo lo expuesto Manuel. Pero por matizar, creo que en mi artículo queda claro que no equiparo número de aprobados con excelencia docente. Un buen profesional de la educación tiene que ser exigente con su alumnado, pero también debe saber adaptarse a las contingencias, debe buscar alternativas cuando su método falla. Un examen es solo una de las decenas de posibles formas de evaluar el proceso de aprendizaje de nuestros alumnos. Cuando uno hace un examen y lo suspende más del 30% del grupo deberíamos pensar que el problema es nuestro, no de nuestros alumnos. Debería ser un aviso de que algo estamos haciendo mal, y una oportunidad para cambiar. Pero eso no tiene nada que ver con regalar la nota. Yo tampoco olvido a mis buenos profes, y es verdad que ninguno regalaba las notas, eran exigentes con sus alumnos pero también consigo mismos. En cualquier caso no me los imagino compitiendo con el claustro por ser los que mas suspensos cosechaban, pues en eso consiste la constante macabra, tal y como nos dice el profesor Antibi en su entrevista.
      Muchas gracias por comentar.

    • Ri Ros 11 diciembre, 2014 a 19:53 #

      Esto es broma o lo has escrito a conciencia:

      .”…….En el proceso de aprendizage interviene …..
      ……..Pero un elevado porcentage de aprovados…….
      …….regalando, literalmente, el aprovado en sus asignaturas…”

      • mila 12 diciembre, 2014 a 5:53 #

        Lo mismo he pensado yo. Me queda la duda de si es interferencia con el catalán. Si no es el caso, por favor, que compruebe la ortografía antes de publicar, que duelen los ojos al verlo.

    • Javier 13 diciembre, 2014 a 18:16 #

      Manuel, espero que tu no seas profesor, sobre todo por el “porcentage” de “aprovados”

  4. jose luis 20 enero, 2015 a 7:52 #

    He recalado en este blog y en este artículo que me ha resultado muy interesante. Yo también en mis principios como profesor quizá fui uno de ellos, pero pasados treinta años de docencia tengo claro que no soy un profesor ‘duro’ Saludos

    • Juan Carlos de Miguel 20 enero, 2015 a 12:57 #

      Efectivamente Jose Luis a muchos nos ha paso lo que describes. La experiencia es (o deberia ser) un grado. Gracias por comentar. Un saludo

  5. Pablo Caraballo 7 febrero, 2015 a 17:15 #

    Realmente sigue siendo común el argumento y la asunción de que si reprueban muchos estudiantes es porque el profesor o la profesora son “buenos” (“duros”), aunque es obvio que algo “mal” debe haber en su estrategia para que nadie o muy pocos le aprueben. Esto, como dices, también tiene que ver con una especie de añoranza al modo en que se educaba “antes”, una resistencia a aceptar la evidencia de que muchos métodos que heredamos no se adecuan a los procesos de aprendizaje y menos en la actualidad.
    Por otra parte, estoy de acuerdo contigo y con otros comentarios en que es importante mantener cierto nivel de exigencia y no caer en una flexibilidad extrema. Aquí en Venezuela en los últimos años se ha promovido (e incluso se ha impuesto, a través de normas y leyes) la idea de que mientras más personas se graduen, mejor trabajo se está haciendo (tanto el profesorado como las instituciones y el Estado), lo que a veces lleva a que no haya ni una reprobada pero lleva a una disminución considerable de la calidad en la educación, según puede uno mismo observar.
    Saludos.

    • Juan Carlos de Miguel 7 febrero, 2015 a 17:46 #

      Veo Pablo por lo que dices que este es un problema universal, a ver si visibilizandolo y hablando de ello conseguimos paliarlo aunque ses minimamente. Gracias por comentar. Un saludo

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