Archivo | enero, 2015

…Pero maestros como éstos siempre serán necesarios

16 Ene

Lo presentan como el mejor maestro de España, candidato al Global Teacher Prize (el Nobel de los maestros) y él con un punto de modestia que le honra contesta invariable que hay muchos como él. Se llama Cesar Bona y es maestro de primaria en una escuela publica de Zaragoza. Ha entrado en la escena mediática (prensa, radio, televisión, redes sociales) como un huracán. Está contribuyendo a generar un debate muy necesario sobre la educación en nuestro país, no tan mala como nos la venden los políticos y sus mamporreros de las tertulias, a las órdenes del lobby educativo y la santa sede, ni tan buena como debería si hubiera un verdadero consenso educativo de todas las fuerzas políticas y se escuchara la voz de los profesionales de la educación, los docentes que trabajan a pie de aula, ninguneados en las últimas siete reformas educativas.
En mi anterior entrada sugería la posibilidad de un mundo donde el maestro ya no fuera necesario, mundo que no queda muy lejano si no hacemos caso de las señales y seguimos empeñados en mantener un sistema educativo del siglo XIX en pleno siglo XXI.
Gracias a maestros como Cesar, y a cientos y miles que como él ejercen su magisterio de forma apasionada, la figura y la función de maestro seguirán siendo necesarias. Yo no conozco a Cesar ni su trabajo mas que por lo que nos muestran los medios, aunque he comenzado a seguirle en Twitter y en Facebook y estoy seguro que muy pronto formará parte de mi PLE, como ya lo hacen estupendos y estupendas colegas como Toni Solano, Manuel Jesus Fernandez Naranjo, Inmaculada Contreras, Juan Carlos Guerra, Antonio Garrido, Pedro Sarmiento, Lucía Álvarez, Maria Jesus Camino, Miguel Gil Casado, Aitor Lázpita, María Acaso, Jose Antonio Fraga, Luz Beloso, Adelaida Ibañez, Emi Perez, Nestor Alonso, Jordi Martí, Lola Prieto, Andrea Giraldez, Julia Ortega y decenas y decenas de maestros, profesoras, directores, pedagogos doctoras que día a día estimulan la curiosidad y la creatividad de sus alumnos sin libros en muchos casos, sin red, aprovechando la tecnología del siglo XXI, que ya no tiene nada de nueva, ilusionándose cada día en el aula, no obcecándose en llenar baldes sino maravillados con cada llama que se enciende en esas tiernas y muchas veces alocadas cabecitas.
Volviendo a Cesar, nuestro protagonista, aquí os dejo una jugosa entrevista con Andreu Buenafuente y Berto Romero donde explica cómo es y cómo entiende su trabajo diario con los niños y niñas. Que lo disfrutéis.

image

Decidle al maestro que ya no le necesitamos

6 Ene

“La mayor señal del éxito de un profesor es poder decir: Ahora los niños trabajan como si yo no existiera”

María Montessori

Estos días he estado enfrascado en la lectura de un apasionante libro que me dio a conocer mi admirado Pedro Sarmiento, y que a su vez os recomiendo. Se trata de “El maestro ignorante” del filósofo Jacques Ranciere. En él se glosa la figura de Joseph Jacotot, un curioso pedagogo francés de principios del XIX fundador de un corpus teórico bautizado “la educación universal” algunas de cuyas máximas eran: “Quien enseña sin emancipar embrutece. Todas las inteligencias son iguales. Quien quiere puede. Es posible enseñar lo que se ignora. Todo existe en todo”

Mantenía que toda persona tiene la facultad de instruirse solo, sin maestro. El papel del docente debía limitarse a guiar al alumno en su viaje hacia el autoconocimiento. Para llegar a esta conclusión Jacotot tuvo que recorrer un apasionante viaje personal e intelectual que nos resume el propio Ranciere en esta entrevista:

La historia comenzó cuando Jacotot, un apreciado filósofo y pedagogo en Francia, se instaló en Bélgica por razones políticas durante la Restauración (1814-1830). Allí fue contratado por la Universidad de Lovaina para enseñar francés. Jacotot, que no sabía una palabra de holandés, distribuyó a sus alumnos una versión bilingüe del Telémaco de Fénelon y los dejó solos con el texto y con su voluntad de aprender. Sorprendentemente, pocos meses después todos eran capaces de hablar y de escribir en francés sin que el maestro les hubiese transmitido absolutamente nada de su propio saber. Jacotot dedujo entonces que sus alumnos habían utilizado la misma inteligencia que usa un niño para aprender a hablar. ¿Qué hace un niño pequeño? Escucha y retiene, imita y repite, se corrige, tiene éxito gracias al azar y recomienza gracias al método. Todo sin ningún maestro.

Cierto es que para llegar a aprender sin la ayuda de un maestro se necesita un medio. Cada pedagogo es hijo de su tiempo. En el caso de Jacotot el medio elegido fue un libro y en el de Sugata Mitra es un ordenador. No sé si conocéis el fantástico experimento pedagógico llamado “un agujero en la pared” pero si no es así, ya estáis poniéndole remedio.

Efectivamente hoy en día Telémaco es un agujero en la pared conectado a internet. Todo está ahí. Cualquier cosa que quieras aprender o hacer (tocar un instrumento, hacer una ecuación de segundo grado, aprender japonés, programar en Java…) está al alcance de un clic, solo lo escribes en Google y aparecen 200 tutoriales que de forma más o menos clara y sencilla te enseñan el cómo y hasta el por qué. Con una ventaja añadida, tu eliges el dónde y el cuándo.

Así que maestros, bajad de la tarima, olvidaos de explicar una y otra vez lo que sabéis y empezad a considerar a vuestros alumnos como iguales en el apasionante viaje hacia el conocimiento. Hay nuevos roles esperándote que no son el de “gran explicador”. O preparaos para escuchar la frasecita del título: decidle al maestro que ya no le necesitamos.

El imperativo categórico aplicado a las redes sociales

2 Ene

Obra de tal manera que nada de lo que escribas, comentes o compartas pueda avergonzar a tus padres o a tus profesores si lo vieran.
Trata a todo el mundo con el mismo respeto que quieras para ti.
No publiques en las redes sociales nada que no te atrevieras a publicar en el periódico local o en el de tu escuela.

image

Immanuel Kant whatsapeando