Decidle al maestro que ya no le necesitamos

6 Ene

“La mayor señal del éxito de un profesor es poder decir: Ahora los niños trabajan como si yo no existiera”

María Montessori

Estos días he estado enfrascado en la lectura de un apasionante libro que me dio a conocer mi admirado Pedro Sarmiento, y que a su vez os recomiendo. Se trata de “El maestro ignorante” del filósofo Jacques Ranciere. En él se glosa la figura de Joseph Jacotot, un curioso pedagogo francés de principios del XIX fundador de un corpus teórico bautizado “la educación universal” algunas de cuyas máximas eran: “Quien enseña sin emancipar embrutece. Todas las inteligencias son iguales. Quien quiere puede. Es posible enseñar lo que se ignora. Todo existe en todo”

Mantenía que toda persona tiene la facultad de instruirse solo, sin maestro. El papel del docente debía limitarse a guiar al alumno en su viaje hacia el autoconocimiento. Para llegar a esta conclusión Jacotot tuvo que recorrer un apasionante viaje personal e intelectual que nos resume el propio Ranciere en esta entrevista:

La historia comenzó cuando Jacotot, un apreciado filósofo y pedagogo en Francia, se instaló en Bélgica por razones políticas durante la Restauración (1814-1830). Allí fue contratado por la Universidad de Lovaina para enseñar francés. Jacotot, que no sabía una palabra de holandés, distribuyó a sus alumnos una versión bilingüe del Telémaco de Fénelon y los dejó solos con el texto y con su voluntad de aprender. Sorprendentemente, pocos meses después todos eran capaces de hablar y de escribir en francés sin que el maestro les hubiese transmitido absolutamente nada de su propio saber. Jacotot dedujo entonces que sus alumnos habían utilizado la misma inteligencia que usa un niño para aprender a hablar. ¿Qué hace un niño pequeño? Escucha y retiene, imita y repite, se corrige, tiene éxito gracias al azar y recomienza gracias al método. Todo sin ningún maestro.

Cierto es que para llegar a aprender sin la ayuda de un maestro se necesita un medio. Cada pedagogo es hijo de su tiempo. En el caso de Jacotot el medio elegido fue un libro y en el de Sugata Mitra es un ordenador. No sé si conocéis el fantástico experimento pedagógico llamado “un agujero en la pared” pero si no es así, ya estáis poniéndole remedio.

Efectivamente hoy en día Telémaco es un agujero en la pared conectado a internet. Todo está ahí. Cualquier cosa que quieras aprender o hacer (tocar un instrumento, hacer una ecuación de segundo grado, aprender japonés, programar en Java…) está al alcance de un clic, solo lo escribes en Google y aparecen 200 tutoriales que de forma más o menos clara y sencilla te enseñan el cómo y hasta el por qué. Con una ventaja añadida, tu eliges el dónde y el cuándo.

Así que maestros, bajad de la tarima, olvidaos de explicar una y otra vez lo que sabéis y empezad a considerar a vuestros alumnos como iguales en el apasionante viaje hacia el conocimiento. Hay nuevos roles esperándote que no son el de “gran explicador”. O preparaos para escuchar la frasecita del título: decidle al maestro que ya no le necesitamos.

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