Las familias las prefieren innovadoras

27 Abr

Hace unos días leía en un medio digital , que en Barcelona ciudad y municipios de alrededor, unas 300 familias se habían quedado sin plaza en los colegios que habían seleccionado para sus hijos e hijas, todos ellos de titularidad pública. Ante las protestas, la administración educativa les sugiere que busquen alternativas privadas. Pero las familias, partidarias de la escuela pública, rechazan esta posibilidad, y han creado una plataforma desde la que reivindicar la escuela que quieren para sus pequeños.

La primera pregunta que le viene a uno a la cabeza es  ¿qué tipo de colegios son estos que atraen tan poderosamente la demanda de tantos padres y madres? ¿serán los famosos centros bilingües, los que enseñan programación, los que ofrecen bachilleratos de excelencia?

Pues no, o no solo al menos, son centros que han hecho de la innovación su bandera, centros que trabajan con metodologías activas, por proyectos, sin asignaturas ni libros de texto, sin exámenes, sin tareas para casa, centros como Els Encants.

Tal y como recuerda el artículo citado más arriba, este es un fenómeno, desgraciadamente, muy catalán, y digo desgraciadamente no porque no me alegre de la suerte que tienen esas familias, al poder elegir (ya vemos como cada vez menos, pero no porque haya fracasado su modelo sino por todo lo contrario, son incapaces de absorber tal demanda) uno de estos centros, sino porque no abundan precisamente en el resto de la geografía española.

El pasado mes de noviembre tuve la oportunidad de asistir invitado por la Fundación Telefónica al encuentro de Bilbao, donde 4 centros concertados y privados preseleccionados al premio Escuelas para la sociedad digital 2015, nos presentaban a un comité de “expertos” sus proyectos educativos, para que los valorásemos y tras ello el jurado decidiera cuales serían los dos ganadores. Uno era de Bilbao, otro de Madrid y otros dos de Barcelona. Casualmente o no, ganaron la escuela Sadako y la escuela Virolai, ambas de Barcelona y no es porque las otras dos fueran peores, pero es un ejemplo más, junto a lo de los jesuitas de que algo está cambiando para siempre y para mejor, pienso, en el modelo de escuela catalana.

Por otro lado vemos como cada año las distintas administraciones educativas en casi todas las comunidades echan el cierre a centros educativos que no reúnen la suficiente matrícula y los hacen insostenibles económicamente, algunos porque desde la libre elección de centro por parte de las familias se han convertido en guetos, otros porque no tienen buena fama, otros porque sus resultados no son buenos. La pregunta obligada ¿tan difícil sería replicar esos u otros modelos innovadores que funcionan desde un punto de vista puramente pedagógico, que seducen a las familias, que ilusionan, motivan y empoderan a su alumnado aprendiendo de una forma activa?

Ahí la dejo, para reflexión de equipos directivos y claustros de profesores de centros amenazados por raquíticas matrículas. Y mientras tanto felicito a esas 300 familias que luchan unidas desde la plataforma Volem una Escola Activa por conseguir la escuela que queremos.

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